miércoles, 15 de septiembre de 2021

Una pasión compartida

Como les contaba en entradas anteriores, comparto con Mili la pasión por este deporte, aunque por supuesto ella es una deportista de competencia y yo soy una aficionada.

Casi diría que nos iniciamos juntas, ella con 4 y yo con 33 años...¡Una pequeña diferencia! Pero nos une la misma pasión. 
Tuve la oportunidad de acompañarla a casi todas las competencias y disfrutar de su arte arriba de las ruedas. Ella es una deportista excepcional. ¡Qué va a decir una madre1 ¿no? 😂

Pero además pudimos compartir momentos únicos, como esos de los festivales de fin de año, en que las dos nos poníamos las lentejuelas y las plumas y cargábamos la adrenalina de salir a escena.





¡Acá estamos las dos! Un disfrute inigualable.

Acompañarla todo ese tiempo fue maravilloso. Hasta que creció y me dijo, -mami, puedo ir sola, vos quedate nomás- jaja. Entonces seguí disfrutando sus logros desde otro lugar. 








Puede ser que muchos piensen que volqué en ella mis ganas o mis sueños de niñas, pero les puedo decir con certeza que no. Empecé a patinar yo y después se inició ella y le gusta tanto como a mí.
Y celebro este encuentro de madre e hija que se produce a través del deporte; de esta pasión compartida.

 


Mención especial a él

Porque detrás de la práctica del deporte, está la familia que contiene, acompaña, se banca fines de semana enteros en una pista. Se bancan las ausencias. 
Él nos banca y acompaña en todas y siempre está, aunque no comparte este deporte, mi hijo, su hermano Fran. 





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