Una pasión compartida
Como les contaba en entradas anteriores, comparto con Mili la pasión por este deporte, aunque por supuesto ella es una deportista de competencia y yo soy una aficionada.
Casi diría que nos iniciamos juntas, ella con 4 y yo con 33 años...¡Una pequeña diferencia! Pero nos une la misma pasión.
Tuve la oportunidad de acompañarla a casi todas las competencias y disfrutar de su arte arriba de las ruedas. Ella es una deportista excepcional. ¡Qué va a decir una madre1 ¿no? 😂
Pero además pudimos compartir momentos únicos, como esos de los festivales de fin de año, en que las dos nos poníamos las lentejuelas y las plumas y cargábamos la adrenalina de salir a escena.
¡Acá estamos las dos! Un disfrute inigualable.
Acompañarla todo ese tiempo fue maravilloso. Hasta que creció y me dijo, -mami, puedo ir sola, vos quedate nomás- jaja. Entonces seguí disfrutando sus logros desde otro lugar.
Y celebro este encuentro de madre e hija que se produce a través del deporte; de esta pasión compartida.
Mención especial a él
Porque detrás de la práctica del deporte, está la familia que contiene, acompaña, se banca fines de semana enteros en una pista. Se bancan las ausencias.
Él nos banca y acompaña en todas y siempre está, aunque no comparte este deporte, mi hijo, su hermano Fran.






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