miércoles, 15 de septiembre de 2021

 Dedicado a Milagros


“-Y se me ocurrió pensar en los tipos, no en este tipo en especial, sino…

-Los tipos, sí.

-Eh, ahí está. En ‘el Tipo’… El tipo puede hacer cualquier cosa para ser distinto, pero hay una cosa que no puede cambiar, ni él, ni vos, ni yo, nadie… (…)

- ¿Te das cuenta Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios…pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín, no puede cambiar… ¡de pasión!” (El Secreto de sus Ojos, 2016)

 

Ahí está ella, por enfrentarse una vez más a la pista. Impecable con su traje de brillos, concentrada, impenetrable. El locutor llama a su categoría, ella cruza unas palabras con su entrenadora y sale.

Sale a prueba de pista con toda la garra y la fuerza como lo ha hecho desde que empezó a patinar, cuando tenía tan solo cuatro años.

Esta es su gran oportunidad, el campeonato nacional, posicionarse entre las mejores es su deseo, su gran meta.

La pista está difícil, resbalosa. Varias competidoras han caído al hacer las figuras y los saltos que se incluyen en sus coreografías.

Y allá va, por ese triple envidiable en el que gana gran altura y que pulió al mínimo detalle antes de la competencia. Toma impulso, salta y cae…Cae mal.

Se hunde en un grito de dolor. Dolor físico y dolor emocional.

Una fractura de muñeca no le permite continuar. ¡Al diablo todas sus ilusiones!

La atendieron en la guardia del hospital, la entablillaron, la subieron a un colectivo y la enviaron a la casa.

Hay que decirlo, se encontraba a varios kilómetros.

Una vez más el dolor. Ese dolor que conocía tan bien y que ya la había golpeado unos años antes con la muerte de su padre.

Ana Milagros Romero Bonetti, he aquí su nombre completo, nació en Posadas, Misiones, un caluroso 8 de enero de 1999, el primer mes del fin de siglo.

Su nacimiento fue como es: de prisa, atropellado, impetuoso, pasional.

Dicen que no dio tiempo a los médicos a ponerse los guantes que ella ya estaba allí, con sus ojitos de un negro profundo, sonriendo.

A Mili desde pequeña le gustó el patín. Adquirió de su papá el amor por el deporte, la constancia y la disciplina, aunque en más de una oportunidad tuvo que ponerle los puntos sobre las ies.

El entrenamiento es duro, por el tipo de deporte y por la gran cantidad de tiempo que demanda. Muchas veces tuvo que elegir entre ir a una fiesta, juntarse con sus amigas y el entrenamiento o los fines de semana de competencia. Y, por lo general, sin esfuerzo siempre eligió la segunda opción.

Sus primeros pasos en la pista fueron los de aprender a caminar sobre cuatro ruedas, pero pronto la entrenadora sugirió que podría integrar el equipo de competencia del club. Y es así, que, desde ese momento hasta hoy, forma parte del mismo.

Fue campeona provincial, nacional y sudamericana en diversos torneos. Supo formar parte de la Selección Argentina que, en el año 2016, viajó a Italia a competir en la Copa Filippini, quedando en sexta posición entre veintidós patinadoras.

Pero sus logros en medallas no son lo más importante en esta personita; lo son su capacidad para sobreponerse a los obstáculos, la templanza con que afronta las vicisitudes, su fortaleza.

La enfermedad y muerte de su padre fue un golpe muy duro, desestabilizante. Fueron días de vivir en soledad, de crecer sin pedir permiso al tiempo, de luchar. Pero fue la pista de patín, una vez más, la que contuvo sus emociones y le dio la suficiente fortaleza a esta campeona de la vida para continuar.

El hoy la encuentra transitando una carrera afin. Cursa el cuarto año de la Licenciatura en Actividades Físicas y Deportivas y ya tiene su espacio propio, su escuelita de patín.

Su vida discurre entre la facultad, el entrenamiento y la enseñanza,  dando sus pasos como entrenadora, atendiendo a niños que se inician en el patinaje artístico.

El patín es su pasión. No hay cansancio, ni excusa, ni familia, ni novio, ni amistades que puedan con esa emoción intensa que siente cuando ingresa a una pista. Cuando siente el viento en la cara. Cuando la velocidad y el movimiento la hacen volar y acercarse, un poquito más al cielo.

 (Texto elaborado para la materia Producción de Relatos Audiovisuales, Maestría en Tecnología Educativa. UAI)




Mili Pasión. Relato de una patinadora. Autora del audiovisual: Sandra Bonetti


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